Sorpresas de la vida

Hace un rato, le escribía a mi tía: “Tengo la impresión de que, desde hace un tiempo, mi vida va de sorpresa en sorpresa. Como si hubiese habido un libreto que cubría mis primeros cuarenta años y a partir de ahí, solo páginas blancas que hay que ir escribiendo a medida que van pasando los días.” Una sensación finalmente bastante agradable.

Esta mañana, por ejemplo, había puesto el despertador a las ocho menos cuarto porque había quedado en ir a buscar a mi hijo menor a lo de su padre para acompañarlo a la consulta de las nueve para que la doctora mirara un dedo que le duele y le diera una vacuna. No es que el padre no lo quisiera llevar al médico, pero como se quebró hace poco el tobillo haciendo escalada, tiene que hacer quietud. Una desgracia que cambió totalmente sus planes para la semana de vacaciones. Pero mi hijo no se queja porque, teniendo al padre a su alcance todo el tiempo, aprovecha para obligarlo a jugar al Monopoly durante horas…

Eran las 7:39 de la mañana, cuando sonó mi celular. Mi hijo quería saber si yo ya estaba pronta y en camino. No, le digo, estoy todavía acostada pero ya estoy despierta (la radio se había prendido a las 7:30), y como me respondió con un silencio sorprendido, le di la hora. El estaba tan ansioso en llegar temprano a la consulta para no tener que esperar y esperar su turno (se saca número cuando se llega) en medio de gente enferma (esto es lo que me preocupa a mí, no a él) que se había puesto una alarma en su teléfono, sin acordarse de que se había olvidado de ponerlo al día luego del cambio de hora del fin de semana pasado…

Total que me levanté en seguida y me apronté lo mas rápido que pude para pasarlo a buscar antes de lo previsto y que fuéramos a comprar la vacuna a la farmacia juntos en vez de ir yo sola. Llegamos al consultorio a las 9 menos cuarto y ya había dos personas antes que nosotros esperando. La doctora hizo entrar a la primera a las nueve y diez. Estuvimos allí solamente una hora y pico…

A las diez y poco, estacioné el auto adelante del edificio de mi exmarido. Le estaba preguntando a mi hijo si pensaba que alguien iba a estar despierto para abrirle la puerta, cuando vemos avanzar por un camino del jardín a la compañera de su padre. Seguro que va a la panadería, dijo mi hijo, y se bajó del auto para preguntarle como hacía para entrar. Ella le dio su juego de llaves, me saludó con un gesto de la mano y se fue.

Pero a los pocos metros dio marcha atrás.
— Decime, ¿tenés cinco minutos?
— Tengo.
— ¿No me ayudarías que se me quedó el auto sin batería?
— Si, ¿como no?
— Bueno, te abro la puerta del garage entonces, así te estacionas adelante mío y arranco con los cables.

Pocos metros más lejos, allí nos encontramos, a media mañana de un día puente, dos mujeres, la antigua y la actual de mi ex, buscando como se abría el capot de mi auto, donde estaba la batería, etc. No fue fácil pero logramos dar con la manera de colocar las pinzas para que la conexión se hiciera correctamente y la operación se saldó con un éxito total.
Mi hijo se había ido para arriba y mala suerte para su padre, que tuvo que salir de la cama e ir hasta la puerta con sus muletas porque las llaves quedaron abajo ya que las necesitábamos nosotras también.

Ahora pienso: cuando me acosté ayer de noche, como a las dos de la mañana (me quedé mirando una película hasta que descubrí que había una segunda parte que puse a grabar), no tenía la menor idea de que iba hoy a escuchar tan temprano la voz de mi hijo por teléfono, ni de que iba a ayudar a alguien a arrancar un auto en un oscuro garage. Pero lo que sí no se me hubiese ocurrido jamás es que mirando luego los mensajes de mi casilla de correo electrónico, leería la frase siguiente: ¿Ha publicado las fotos de las tumbas de sus antepasados? Y menos aún habría podido imaginarme que en vez de reírme pensando ¡qué locura!, me iba a acordar de cuando fui al cementerio central y le saqué fotos a unas cuántas tumbas de gente de mi familia. ¿Dónde estarán esas fotos?, me pregunto yo ahora.

Pensar que le dije a mi hijo, en el auto, cuando volvíamos de ver al médico que tal vez aprovechara estos días de vacaciones para escanear y clasificar algunas fotos viejas que le pensaba pedir a su padre…

¿Quién dijo que la vida está llena de sorpresas? No será que todo está conectado por hilos invisibles y que sólo somos marionetas que un dios todopoderoso mueve según su humor? Noooo, no creo. Y tampoco he sucumbido aún a la teoría de la gran conspiración mundial. Mulder, Scully, ¿lobo está?

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A propos auxecrires

Femme, mère de 2 enfants, quadra, habitant en région parisienne...
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